Un frío día de invierno

El día 12 de enero del año del señor de 1975 amaneció, como era y es lo normal en Lugo en esas épocas del año, lluvioso y frío.

Desde que me levanté sentía un cosquilleo en el estómago propio del que siempre he tenido en las grandes ocasiones. En unas horas jugaba el Breogán uno de esos partidos que esperas durante meses y que parece que nunca llegan.

breolacasera

Como era domingo había que ir a Taboada, a casa de los abuelos, y pasar el día allí, pero yo había conseguido, tras arduas negociaciones con mis progenitores, que se me permitiera volver del pueblo antes de tiempo. El plan, para llegar a ver el partido, era coger a las 4 ½  de la tarde el autocar de “La Directa” que venía de Ourense a Lugo y tenía parada en Taboada más o menos a esa hora.

Como casi todos los domingos cogimos muy temprano el viejo Seat 1500 y, tras un viaje lleno de curvas, mareos, lluvia y niebla, llegamos al pueblo. No pasaban los minutos. No llegaba la hora de comer. No llegaba la hora de volver a Lugo. Los nervios crecían, el cosquilleo aumentaba y la tensión se hacía insoportable.

Después de ir a saludar, casa por casa, a la amplísima familia y de escuchar los mismos comentarios sobre estudios, comportamiento, “amigas”… que escucharía la semana siguiente y había escuchado la anterior llegó la hora de comer. Tenía la sensación de que era muy tarde y de que no podría coger el bus de regreso. El cosquilleo iba en aumento. Me senté, como siempre, al lado del abuelo Daniel y comí como alma que lleva el diablo. Fue igual, hasta que todos terminaron no me pude levantar y, quiero pensar, que algún intento hice, pero que la bronca o la mirada de mi padre me hizo desistir. Encerrado entre el banco de madera y la cocina de leña la tensión aumentaba por segundos. ¿Cómo puede esta gente comer tan despacio Dios mío? ¿y si no llego a partido?

Cuando ya creía que la situación era irreversible obtuve ¡¡¡por fin!!! el correspondiente permiso y me fui, corriendo como si no hubiera mañana, hacia la parada del autobús. Por supuesto cuando llegué quedaban todavía muchos minutos hasta que se cumpliera el horario de “La Directa”, no recuerdo cuantos, pero muchos. Más vale llegar con tiempo, no vaya a ser, pensaba yo.

El autobús llegó a su hora, subí rápidamente y rezaba para que no ocurriera ningún incidente. No hubo problemas y llegamos a Lugo sin mayor novedad.

Desde la estación de autobuses bajé al Pazo Municipal por las cuestas del parque y, mucho antes de que empezara el evento, ya estaba sentado con mis amigos en mi sitio de siempre. Esperábamos, con los nervios a flor de piel, que se iniciara uno de esos partidos que marcan mi historia breoganista. El Pazo olía a tabaco y a humedad, la bruma interior era casi tanta como la exterior y en los bancos de madera nos apretujábamos para dar cabida a cuantos aficionados fuera posible. Era un día muy especial: era el derby local con el otro equipo de Lugo, La Casera y en esos momentos, como buenos sufridores, lo que teníamos en mente era el ganar como fuera. Era más que un partido y solo temíamos el hacer lo que comúnmente ahora se llama “un Breogán”, ya me entendéis.

Para que os hagáis una idea de la importancia de este partido voy a hacer un poco de historia.

Consumado el descenso, no por esperado menos doloroso, del CB Breogan a la 2ª División del baloncesto español todos esperábamos que esta temporada 1974/75 se recuperara la categoría perdida. Si otros años la situación del club había sido económica y socialmente complicada este año se añadía un problema a mayores, la existencia de otro club en la ciudad que tenía los mismos objetivos que nosotros y que, además, contaba con el apoyo económico de la célebre marca de gaseosas, el equipo denominado La Casera Lugo.

El partido que teníamos con ellos era el último de la primera vuelta y nos jugábamos el liderato pues, hasta aquel momento, habíamos conseguido el mismo número de victorias.

La verdad es que estábamos preocupados pues, en principio, ellos tenían mejor equipo. Durante el verano La Casera Lugo parecía que sería el principal referente baloncestístico de la ciudad pues con el apoyo de la firma comercial consiguió realizar una serie de fichajes muy importantes como por ejemplo Pons, Cifre (internacional), Elías (al año siguiente jugaría en el Breo)… El equipo de las gaseosas se había catalanizado. También había renovado a ese gran jugador USA que era Bob Fullarton, que a partir del año siguiente jugaría con el Breogán, y tenía, como juniors, a dos jugadores que en el futuro marcarían nuestra historia: Tito Díaz y Suso Fernandez. También contaba con jugadores como Seral,  Conde o Prieto que en algún momento habían tenido o tendrían relación con nuestro Breo.

Por su parte nosotros seguíamos con nuestros clásicos veraniegos y, por supuesto, sin patrocinador, y no, no era Antonio Veiga el Presidente.

Randy Noll

Randy Noll

Se había conseguido renovar a buena parte del equipo del año anterior, Serrano, Prada, Aguado, Alfredo Pérez, Sevilla y Navarro. Se ficho a un americano, Randy Noll, del que tengo un recuerdo imborrable. Con su aire de Bufalo Bill por su gran mostacho y larga melena era un jugador, para mí, impresionante. Un pívot que ahora estamos acostumbrados a ver pero que, en aquella época, era una rara avis. Media sobre dos metros y cinco centímetros, reboteaba, defendía, corría al contraataque y tenía un más que aceptable tiro exterior, de hecho recuerdo haberle visto conseguir una canasta desde el medio del campo, no como la de Xan Dous Polos el otro día con el Obradoiro, pero si válida.

Existe sobre Randy Noll y Fullarton la leyenda urbana de que tenían un Seat600 y que en él viajaban ellos dos y sus mujeres, cuestión difícilmente explicable físicamente pero que en los mentideros baloncestísticos lucenses siempre se dio por verdadera. Yo tengo que reconocer que no lo vi pero…

Alfredo Pérez, baluarte breoganista, según reconoce el mismo en una entrevista a ACB.Com, había estado a punto de fichar por La Casera. “Un grupo de personas que habían estado en el Breogán fundaron otro club con el apoyo de La Casera, que tenía una fábrica en Lugo. Habíamos tenido problemas con los dirigentes y firmé con el nuevo equipo pero la directiva de Breogán cambió y los nuevos me hicieron una encerrona. Antes de un torneo me dijeron que habían llegado a un acuerdo con los de La Casera y acabé renovando con Breogán”.

Completaban el equipo dos juniors, Alberto de la Vega, lucense de pro y hermano del que al año siguiente sería mi profesor de matemáticas en el Instituto (el cuál era conocido por sus pícaros alumnos con el mismo apodo que Randy Noll) y Cuquejo que, si mal no recuerdo, era orensano.

En esta situación parecía, o era mi sensación, que el claro favorito para el ascenso eran ellos y no nosotros, aunque con el fichaje en noviembre del internacional Soler, cedido por el Barcelona, parecía que las cosas se igualaban más.

Soler

Soler

Antes de empezar el partido y con las gradas a rebosar se vio claramente quien era el equipo de Lugo. El  90% o más de la gente era breoganista, no había dudas. Los gritos de ¡¡¡¡ Breogán!!! ¡¡¡¡Breogán!!!! atronaban el viejo pabellón de las cuestas del parque. Si había alguna duda había quedado resuelta antes de empezar, Lugo era del Breogán. Los experimentos ni con gaseosa.

El partido fue un festival celeste. Ganamos 102-52. Desde el inicio tomamos el mando y con una actuación estelar de todos los componentes del equipo barrimos a nuestros rivales. Se quedaron sin gas desde el pitido inicial del encuentro. Cogimos el liderato y así seguimos hasta final de temporada.

Al día siguiente en el colegio la sonrisa no se me quitaba de la cara sobre todo cuando pasaba algún seguidor del equipo gaseoso al lado. No eran muchos. Al contrario, eran muy pocos, pero les habíamos tenido que aguantar mucho ese año y el anterior y como se suele decir en estos casos “la venganza se sirve en plato frío”.

Durante lo que restaba de temporada regular se incorporaron dos jugadores más al equipo: Arbe y Verdaguer (también cedido por el Barcelona).

Conseguimos, ante Natación Pacense, la mayor victoria de la historia de nuestro club 131-36 y de 28 partidos habíamos ganado 25 y perdido solo tres.

La Casera Lugo terminaron segundos perdiendo también el segundo partido con nosotros por 79-58.

Pero no todo fue un camino de rosas pues unos días antes de terminar la temporada regular Adolfo Beneyto fue cesado como entrenador y Soler pasó a ocupar las funciones de jugador-entrenador. El motivo del cese no lo sé, aunque en la prensa de aquel entonces se hablaba de mala relación con la directiva. Supongo que ese sería el motivo aunque a veces he pensado si la verdad no sería la existencia de una mala relación con algunos jugadores o que Soler, que era una vaca sagrada, y quería mandar más que él, provoco su despido.

A pesar de esto el equipo quedó primero de grupo y se clasificó para jugar la promoción de ascenso que se disputaría a finales de abril y principios de mayo en Sevilla en la que el primer clasificado ascendería directamente a 1º División. Con nosotros se clasificaron La Casera (2º del Grupo), Granollers y La Salle (1º y 2º del otro grupo) y el Nautico de Tenerife (1º del grupo de las Islas Canarias )

Y en esa fase final pues…. NO hicimos un Breogán

Pero eso es otra historia que por si misma merece un artículo.

Advertisements

Posted on 11 Decembro 2013, in Retro, Xeral. Bookmark the permalink. 5 Comentarios.

  1. Un gustazo leer este pedazo de historia de nuestro club, ojalá sigamos escribiendo en nuestros días historias como esta. Forza Breo!!

  2. Interesante artículo!! La verdad es que se me hace impensable la idea de que hubiese 2 equipos competitivos en Lugo y peleando los dos por el ascenso a Primera…tengo una curiosidad, los partidos del La Casera como local, también se jugaban en el Municipal?

  3. Creo que si que se jugaban en el Municipal. No había otro sitio en aquella época.

  4. Josep verdaguer

    Gallina de piel recordar aquellos tiempos para uno que lo vivio desde dentro.
    Si, los partidos se jugaban en el mismo pabellon.

  5. Hola.
    Sobre lo que comentas de Fullarton y del famoso “600”:
    “Existe sobre Randy Noll y Fullarton la leyenda urbana de que tenían un Seat600 y que en él viajaban ellos dos y sus mujeres, cuestión difícilmente explicable físicamente pero que en los mentideros baloncestísticos lucenses siempre se dio por verdadera. Yo tengo que reconocer que no lo vi pero…”

    Bien. No es ninguna “leyenda urbana”, sino algo real. Doy testimonio personal de ello. En efecto Fullarton tenía un Seat 600. En una ocasión lo vi. Yo era un chaval de aquellas. Lo tenía aparcado en la Plaza de España, frente a la fachada principal del Ayuntamiento, que en aquel tiempo se podía aparcar enfrente (no había las restricciones de tráfico que luego existieron). Yo estaba paseando con un amigo por el “tontódromo”, plaza arriba, plaza abajo, que de aquellas era lo que había cuando empezabas a tontear con las chicas. De repente lo vimos llegar y aproximarse a un 600 aparcado, y luego meterse en él y arrancar. Aquello me quedó grabado como una fotografía fija en la cabeza, porque era todo un espectáculo ver como alguien tan grande conseguía meterse en algo tan pequeño y conducirlo.
    Fullarton y su 600 era motivo de conversación habitual entre los chavales de mi edad en el Instituto. Lugo era una ciudad pequeña y no pasaba desapercibido. Así que de “leyenda urbana”, ¡nadita! Fue algo real.
    Saludos 🙂

Deixar unha resposta

introduce os teu datos ou preme nunha das iconas:

Logotipo de WordPress.com

Estás a comentar desde a túa conta de WordPress.com. Sair / Cambiar )

Twitter picture

Estás a comentar desde a túa conta de Twitter. Sair / Cambiar )

Facebook photo

Estás a comentar desde a túa conta de Facebook. Sair / Cambiar )

Google+ photo

Estás a comentar desde a túa conta de Google+. Sair / Cambiar )

Conectando a %s

Baloncesto con P, de Palencia claro

todo por Palencia Baloncesto

@KIAenZona

Información sobre o Club Baloncesto Breogán S.A.D.

Blogoncesto

Información sobre o Club Baloncesto Breogán S.A.D.

ZonaOCB

Información sobre o Club Baloncesto Breogán S.A.D.