… Y así empezo todo

No lo recuerdo bien, fue a finales de verano o a principios de otoño de 1970, el Breogan Fontecelta, siempre fuimos y somos muy de que nos patrocinen empresas dedicadas a la venta de líquidos, acababa de ascender a lo que se llamaba entonces División de Honor del baloncesto español y mi padre y sus amigos decidieron seguir la temporada en directo y, como consecuencia, llevar al pequeño hombrecito, o sea, yo, como mascota del grupo a los partidos que se jugaban en el viejo pabellón municipal.

No sé contra quién jugamos esos primeros partidos, ni si ganamos, perdimos o empatamos ( sí,de aquella existía ese resultado), ni si jugábamos bien o mal, ni si los árbitros, en su tónica habitual, habían intentado robarnos el partido. Sólo recuerdo que salía de casa emocionado, con mis pantalones cortos y la sabiduría propia de un chaval de 10 años y, de la mano de mi padre, bajaba las cuestas del parque, entraba en el pabellón, que siempre estaba abarrotado de gente y, en muchos casos, lleno de humo, era una caldera, no un frigider como ahora el Pazo. Me sentaba en aquellos bancos de madera y  disfrutaba como un niño, lo que era, de los partidos y, sobre todo, me emocionaba con la sensación de que estaba viviendo momentos irrepetibles y, con lo que yo llamaba, la Peña de los ciegos.

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Sí, supongo que os sorprenderá pero existía un grupo de invidentes, creo que eran cuatro pero no estoy muy seguro, que seguían a nuestro Breo con sus transistores pegados al oído, sus gafas negras y sus bastones. Eran los primeros que aplaudían, que se levantaban para dar ánimos al equipo, que se alegraban cuando “veían” una buena jugada, los que protestaban a los árbitros, los que, en una palabra, eran el ejemplo de lo que hoy llamamos sentimiento breoganista. Seguían el partido por sensaciones, voces, ruidos, comentarios, murmullos y, también, por la radio, porque de aquella se radiaban los partidos de nuestro Breo. Sí, sí, cómo veis, igual que ahora…. Nos sentábamos muy cerca de ellos y ahí empecé a sentir que nuestro club era algo distinto, especial y, sobre todo, muy importante para nuestro pequeño pueblo y ese sentimiento fue creciendo rápidamente hasta convertirse en una religión con un solo Dios, el Dios celta llamado Breogan y…. hasta hoy.

De aquella temporada tengo recuerdos imborrables, una afición volcada con su equipo, unos jugadores identificados con su club, muchos de los cuales, a pesar de no ser lucenses, como Alfredo Aguado y Seral, se afincaron en nuestra ciudad, y, sobre todo, la imagen de un equipo que, a pesar de todas las adversidades que sufrió, lo dio todo y consiguió eludir el descenso en una eliminatoria de promoción con el Basconia, ganando en Lugo por 15 puntos y perdiendo en Vitoria por 13, después de ir por detrás en el marcador en distancias de hasta 20 puntos. Está claro que nuestra historia marca que hay que sufrir hasta el último momento, si no, no seríamos el Breogan.

En aquel equipo había una serie de jugadores que hoy considero míticos como Manolito Díaz (DEP), al que era más difícil rodearlo que saltarlo; Miguel Bourio, todo garra y agresividad; Alfredo Pérez, ese miope que, jugando sin gafas ni lentillas, fue máximo encestador de la liga en varias ocasiones y cuyo hijo, Borja, fue uno de los puntales de nuestro último ascenso a la ACB; Ángel Serrano con esa barriguita cervecera pero con una calidad técnica y mecánica de tiro espectacular y que, años después, fue entrenador del Breogan en la nefasta temporada de la peregrinación a Ferrol, Santiago y A Coruña como consecuencia de los incidentes en el partido del Oximesa que finalizaron con nuestro descenso de categoría; Alfredo Aguado, Armando, Lorenzo y el gran Ivan Modia que, muchos años después, aún sigue sufriendo en los partidos cómo si no hubiera mañana.

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Mención especial para dos hombres, Manuel Merino y Antonio Seral, puntales del equipo pero a los que un accidente de tráfico cuando se trasladaban a sus domicilios en Navidades privó de la vida, en el primer caso y lesionó gravemente, en el segundo, iniciándose así ese mal fario que tiene nuestro equipo en algunos momentos puntuales de su historia. No me preguntéis porque pero recuerdo perfectamente el momento en que me enteré del accidente, en la Plaza de Santo Domingo y por un amigo de mi padre cuando estaba viendo juguetes para hacer la carta a los Reyes Magos.

Antonio Seral ocupó años después varios cargos técnicos y deportivos en el Breo y sigue siendo un habitual del breoganismo.

Tampoco podemos olvidar a Manolo Jato, entrenador y padre de otro jugador que vestiría los colores breoganistas muchos años después y Rogelio, el masajista, del que se podrían contar mil anécdotas, como la de su agresión, subido en una silla, a Santillana, jugador del Juventud de Badalona, aunque yo, sinceramente no recuerdo si fue verdad o es una leyenda urbana de las muchas que rodean la historia de nuestro equipo.

En todo caso esa temporada empezamos nuestra “amorosa relación” con el arbitraje español y fuimos sancionados con jugar un partido a puerta cerrada en el Palacio de Deportes por incidentes ocurridos en el encuentro con el Juventud. La confrontación fue contra el Aguilas de Bilbao, ganamos y, lo increíble, era la cantidad de gente que se reunió fuera del pabellón para seguir el partido por circuito cerrado y animar al Bre, demostrándose que el sentimiento celeste existe desde hace muchos años y que la afición de Lugo es muy especial… “A historia non se merca” como es habitual que digáis muchos ahora… je, je.

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Este año pasaron por Lugo equipos míticos del baloncesto español como el KAS, Picadero, Nautico de Tenerife, San Jose, Aguilas de Bilbao, Mataro y los históricos R. Madrid, Barcelona, Juventud, Estudiantes y Manresa y jugadores como Brabender, Luyk, Rullan, Cabrera, Emiliano, Escorial, Buscato, Monsalve, Santillana, E. Margall, Aito, etc…. ¿Os suenan, verdad?

Por cierto y, cómo también va siendo muy habitual, no ganamos ni un solo partido fuera del Palacio de Deportes. Cómo veis, pasan los años pero… la vida sigue igual, o muy parecida.

Llevo viviendo fuera de Lugo casi 36 años pero mi sentimiento breoganista y mi, digamos, “lucensitud”, no ha ido a menos, al contrario, cada vez va a más, y que siga, porque, aunque ahora vivamos tiempos difíciles, a no mucho tardar volveremos, aunque la verdad es que nosotros nunca nos fuimos, simplemente los dejamos solos unos añitos y ¡¡¡ mirad la que están montando !!!.

Nunca le podré agradecer lo suficiente a mi padre que me iniciara en esta aventura que ya dura 42 años, lo mismo que me contagió su pasión por la lectura, y por el cine y muchísimas cosas más, me convirtió en un enamorado del baloncesto, en general, y en un breoganista, en particular. Hoy él ya no sabe lo que es el Breo, ni puede leer, ni va al cine, ni ve los grandes clásicos en la Tv, pero, hasta hace muy poco, aún se alegraba cuándo veía que nuestro equipo ganaba un partido, no se enteraba muy bien, pero sí me veía con una sonrisa viendo un reportaje en la Tele o le enseñaba el periódico donde estaba la crónica del partido, él también sonreía con complicidad.

Aunque no puedas leer esto y mucho menos entenderlo, muchas gracias, Papá… breoganista siempre…. por todo lo que me has dado en todos los aspectos de la vida, muchas, muchísimas gracias.

Cuando yo tenía catorce años, mi padre era tan ignorante que no podía soportarle. Pero cuando cumplí los veintiuno, me parecía increíble lo mucho que mi padre había aprendido en siete años (Mark Twain)

Continuará………………

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Posted on 3 Abril 2013, in Retro. Bookmark the permalink. 7 Comentarios.

  1. ante este post, o único que poido dicir é “GRACIAS”

  2. Unha historia moi emotiva e cun grande sentimento breoganista, grazas por compartia.

  3. Brillante….Emocionante, lleno de gratitud. Deja un grato sabor de boca. Para no dársete demasiado bien escribir…. lo disimulas estupendamente. Un abrazo

  4. @keizeratticus

    Gracias a vosotros por este blog q nos permitirá compartir experiencias del club de nuestros amores y, Esther, no se me da nada bien, lo q pasa es q, a veces, sin saber por que, salen cosas q uno ni se imagina q podría escribir. Muchas gracias

  5. Muy buen artículo y muy buenas imágenes!! Da gusto leer este tipo de historias en estos tiempos en los que parece que el fútbol gana la partida por momentos en nuestra ciudad…un saludo y felicidades por el blog!

  6. Grandioso artigo. Lástima non poder vivir a historia breoganista dende o comezo,pero espero poder seguir formando parte dela ata qeu fine. ENORME.

  7. gracias por recordarse de este entrenador,fue una etapaestupenda.Ahora disfruto con Unicaja que esta haciendo una temporada fantástica

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